Domingo (2015)

Domingo (2015)

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TECNIC Vinyl and oil on boxwood

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Domingo

El cuerpo de Domingo murió en 2010 a la edad de 85 años. En el invierno de 2014 su ordenador personal todavía permanecía en el salón de su casa, alojado en un mueble oscuro con ruedas: Una CPU (Un clon con procesador Intel Core i7, 2,66 GHz), con su monitor de 15 pulgadas, un teclado, un ratón, una alfombrilla, dos altavoces multimedia y una caja con llave para discos de 3 1/2.

Pedí permiso a los familiares para volver a encenderlo.

On.

La computadora, después de una pausa de cuatro años se hace un autodiagnóstico, identifica la memoria, su teclado, la tarjeta de vídeo, las unidades de disco. Inmediatamente después busca su sistema operativo para arrancar (boot).

Windows XP.

La identidad digital de Domingo permanecía intacta, incluso un CD-ROM de la enciclopedia Encarta continuaba en el lector. En ese momento me encontré con el fantasma digital de Domingo, frente a mí. Tuve la sensación de que formas sustanciales del fallecido permanecían activas en cada uno de los directorios, como si cada carpeta fuera una entelequia digital de Domingo.

Movido por una mezcla de respeto y pudor apago el ordenador.

¿Qué ocurre con las sustancias de la máquina cuando su usuario muere?

Parece que hay una cuenta pendiente. Mientras el usuario cierra su ciclo, la máquina queda en una especie de limbo o en lo que los budistas llaman el “estado intermedio”.

Consigo la CPU de Domingo, el resto de dispositivos los dejo.

En el estudio comienza un proceso que me lleva primero a manchar los tornillos de la carcasa con pintura al óleo, muy diluida en aceite de linaza. Sin esperar a que seque la pintura quito los tornillos y desmonto las piezas: la fuente de alimentación, los lectores, el procesador y la placa base, la memoria, la tarjeta gráfica, el disco duro. Antes de extraer cada elemento, mancho con óleo las partes que me parece que necesitan ser manchadas. No sé adónde me lleva esta ceremonia, y marcar el camino con pintura parece una acción sensata.

El proceso se alarga cinco semanas. Mientras, registro con vídeo y empiezo a escanear las piezas y los componentes.

En el verano de 2015 entiendo que el ciclo de la máquina termina en el reciclaje. Aunque el ordenador de Domingo ha quedado desmembrado durante el proceso, empiezo a separar las piezas por componentes y materiales: aluminio, cobre, estaño, plástico. Condensadores, puertos, conectores, condensadores, baterías, ranuras, placas. La tarea es complicada, separar el cobre de los cables es laborioso, así como separar los puertos PCI del plástico de las placas. La mesa de trabajo con todos los materiales esparcidos parece un entierro a cielo abierto Tibetano.

¿Cuántas toneladas de materia prima se han utilizado en la construcción del ordenador de Domingo? ¿Queda algo de la sustancia de Domingo en toda esa maraña de materiales y componentes?

Investigo sobre formas de reciclar una computadora. No existen empresas especializadas que no sean chatarrerías, y el punto blanco parece ser la única opción, pero no soporto la idea de ver las piezas de Domingo diseminadas entre televisores, electrodomésticos y otras computadoras. Guardo los restos del ordenador personal de Domingo en una caja.

Septiembre 2015

Decidido a encontrar un final de ciclo, imprimo las imágenes que meses atrás había escaneado y las monto sobre una superficie rígida de madera, entre el vinilo impreso y la madera voy colocando componentes de la computadora de Domingo. Al tensar el vinilo aparecen protuberancias, que dejan intuir el fantasma de los componentes. Los distintos volúmenes se confunden con la imagen impresa, se integran o se camuflan.

La topografía de lo que antes fue el ordenador personal de Domingo solo se distingue de la imagen impresa si se observa de soslayo. Un ángulo metafísico por donde se intuye la sustancia de Domingo.